22 de abril de 2018

Encuentran el cuerpo de un gran maestre templario

Se llamaba Arnau de Torroja y fue uno de los 23 grandes maestres de los templarios, la conocida orden de religiosos armados que protegían a los peregrinos que se aventuraban a viajar hasta Tierra Santa y que, todavía hoy, sigue envuelta de incógnitas. Ocho siglos después de su muerte, este caballero casi legendario puede convertirse en el primero de los grandes maestres cuyo cuerpo llega hasta nuestros días.

Como si se tratara de una película de aventuras históricas, su supuesto sepulcro apareció por sorpresa detrás de una pared mientras se hacían obras de restauración en la iglesia de San Fermo de Maggiori de Verona. Un sarcófago de piedra con una cruz del Temple esculpida alertó a los operarios. Dentro, había los restos mortales de un hombre de edad avanzada cubierto con un sudario de seda. Sin duda, se trataba de un personaje relevante de la época.

Un equipo de investigadores italianos, liderados por Giampero Bagni, arqueólogo de Boloña, y el antropólogo Fiorenzo Facchini, no tardaron en deducir que podían estar ante los restos mortales de Arnau de Torroja, un noble catalán nacido en la localidad de Solsona y cuya muerte le sorprendió en Verona el 30 de septiembre de 1184 cuando regresaba de Tierra Santa después de haber intentado negociar una tregua con Saladino y de mediar en las tensiones con el orden de los Hospitalarios.

Después de las deducciones históricas y arqueológicas, llegaron las pruebas científicas. El carbono 14 reveló que los restos pertenecían al periodo de entre 1020 y 1220. Se extrajo una muestra, un diente, para proceder a su análisis genética con la colaboración de David Reich, de la Universidad de Harvard.


Este diente acabó de confirmar que el cuerpo pertenece a un hombre. “Se trata de un individuo de edad avanzada, de 1’65 metros de altura y con los ojos azules”, detalla Carles Lalueza-Fox, investigador del Institut de Biologia Evolutiva (IBE)- un centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra-, que a partir de ahora pasa a jugar un papel determinante para identificar al hombre enterrado bajo la cruz templaria.

Las muestras viajaron hasta Barcelona, donde se han efectuado diferentes análisis de genética de poblaciones que situan al personaje muy cercano a los catalanes actuales, aunque los resultados no son concluyentes por falta información de cómo eran los catalanes de hace mil años. Lo que parece bastante claro es que los restos se acercan más a “los de los individuos ibéricos actuales o incluso franceses antes que a los italianos”, afirma Lalueza-Foix, que ha liderado estos últimos trabajos.

Para concluir sin duda de que los despojos pertenecen a Arnau de Torroja, se deberían comparar con algún pariente de primer grado, algo que será posible. Se da la casualidad de que su hermano Guillem de Torroja fue arzobispo de Tarragona y sus restos reposan en la catedral, expuestos en una arca de mármol en una pared de la capilla de Santa Bárbara. “Es excepcional que se hayan conservado las tumbas de los dos hermanos”, comenta sorprendido el científico catalán.

El arzobispado de Tarragona y el capítulo catedralicio han dado ya el permiso para que los investigadores puedan extraer muestras que permitan realizar el estudio genético. “Con un diente ya tendríamos bastante”, explica Lalueza-Fox. “Los hermanos comparten el 50% de los genomas y la identificación sería irrefutable”, argumenta. “En un par de meses, ya podrían conocerse los resultados”, añade.


La ciudad de Verona se ha volcado con el hallazgo, que espera que se convierta en un atractivo turístico para los apasionado por la historia de los templarios, la milita Christi creada en 1120 por Hugo de Payens y cuya intervención en las cruzadas han hecho historia. Se los llamó templarios porque ocuparon las estancias del palacio del rey Balduino II en Jerusalén, considerado el templo de Salomón. El orden se disolvió en 1312 y un gran número de sus miembros fueron condenados a la hoguera.

Los documentos históricos ya apuntaban que Arnau de Torroja, el noveno gran maestre, fue enterrado en esta localidad, concretamente en la iglesia del Temple de San Vitale, que sufrió daños irreparables en la crecida del río Adige en 1760, lo que provocó su clausura. Sus bienes fueron repartidos en iglesias cercanas, como la de San Fermo de Maggiore, donde se ha producido el gran hallazgo.


Fuente:
* http://www.lavanguardia.com/cultura/20180421/442790477761/aparece-el-cuerpo-del-unico-gran-maestre-templario-encontrado-hasta-ahora.html


15 de abril de 2018

Libro: Fernando VII. Un rey deseado y detestado (Emilio La Parra)

Fernando VII (1784-1833) ha sido considerado uno de los monarcas más nefastos de la historia de España, tanto por su carácter, muy influenciable, determinado por su doblez y desconfianza hacia todo y hacia todos, como por sus actuaciones. Autoritario y cruel, ejerció un acusado poder personal y reprimió toda disidencia. Entre otras consecuencias, ello supuso la pérdida de casi la totalidad de las colonias americanas y el declive de España como potencia internacional.

Basado en múltiples fuentes y documentos, en los relatos de la época y en las interpretaciones de la historiografía actual, Fernando VII. Un rey deseado y detestado traza la biografía de este contradictorio monarca, mitificado por algunos de sus contemporáneos, que lo convirtieron en el rey virtuoso e inocente, y detestado al mismo tiempo por casi todos. Su reinado marcó el final de una época y el inicio de la política moderna en España.

10 de abril de 2018

La Piedra de Scone


La Piedra del Destino, también conocida como Piedra de Scone o Piedra de la Coronación, es un bloque de piedra arenisca, históricamente conservada en la Abadía de Scone (hoy derruida y sustituida por el Palacio de Scone), que se empleaba en las ceremonias de coronación de los reyes escoceses durante la Edad Media. En el siglo XIII la Piedra fue capturada por el rey Eduardo I de Inglaterra y llevada a la Abadía de Westminster en Londres, para emplearla en la coronación de los reyes ingleses. En 1996, el Gobierno Británico decidió devolver la Piedra a Escocia, con la condición de que volviera a Londres para su uso en futuras coronaciones, por lo que ahora puede ser vista en el Castillo de Edimburgo, junto con las joyas de la corona escocesa.

Es una piedra caliza color amarillo pálido, pesa unos 152 kilogramos y mide 66 centímetros de largo, por 28 de ancho y 41,60 de alto. En su obra Monument Celtiques publicada en 1805, Jaques Cambray asegura que la piedra exhibía la siguiente inscripción: "Ni fallat fatum, Scoti quocumque locatum Invenient lapidiem,regnasse tenetur ibídem" (Si el destino es verdadero, luego los escoceses serán conocidos por haber sido reyes donde sus hombres encuentren esta piedra).

Mito o realidad lo cierto es que hoy en día la única inscripción visible sobre la piedra considerada legítima, es una cruz latina. Tiene además insertadas dos anillas metálicas, agregadas posiblemente para facilitar su transporte.

La leyenda oficial de los reinos de Escocia e Inglaterra afirma que la Piedra del Destino es la utilizada por Jacob para apoyar la cabeza en el pasaje del Génesis en el que sueña con la llamada Escalera de Jacob (Génesis 28:10-18). Luego la leyenda sostiene que esta roca fue robada al heredero de la Piedra de Jacob, Moisés, después de que este la dejara a orillas del mar rojo en la guerra contra Egipto y fue llevada a Escocia por la hija de un faraón, llamada Scota o Scot. Scota era la hija de un faraón contemporáneo de Moisés, que se casó con Geytholos y se convirtió en la fundadora epónima de los escoceses y los galos después de ser exiliados de Egipto. Las primeras fuentes de Escocia afirman que Geytholos era “un rey de los países de Grecia, Neolus o Heolaus, por su nombre”, que fue exiliado a Egipto y entró al servicio del faraón, casándose con la hija. Hay varias versiones de cómo llegaron Gaythelos y su esposa a ser expulsados de Egipto, pero todas coinciden en que Scota fue la fundadora de los escoceses y que también dio su nombre a Escocia.

Los orígenes históricos de la piedra como elemento de los rituales de coronación tampoco están muy claros. Lo más probable es que se trate del antiguo sitial de coronación de los Dalriadas, originalmente instalado en Dunadd, y finalmente en Scone, en el norte de Perth, su ubicación definitiva durante al menos cuatro siglos. Todos los reyes escoceses fueron coronados sobre esta piedra, al menos desde Kenneth I de Escocia (847) hasta John Balliol (1296).

Durante la Edad Media, la Piedra del Destino apenas sufrió traslados ni modificaciones. Una leyenda tradicional afirma que Roberto I de Escocia (Robert the Bruce) regaló un pedazo a los irlandeses en agradecimiento por su colaboración en la batalla de Bannockburn. El fragmento de piedra, otorgado a Cormac McCarthy, rey de Munster, fue instalado en su fortaleza del Castillo de Blarney, por lo que pasó a ser denominada Piedra de Blarney.

En 1296, en un intento por despojar a Escocia de sus símbolos básicos de identidad, el rey Eduardo I de Inglaterra saqueó la Abadía de Scone y se apropió de la Piedra del Destino como botín de guerra, instalándola en la Abadía de Westminster para su uso en las ceremonias de coronación. Para ello, hizo construir una silla especialmente diseñada sobre la que desde entonces han sido coronados todos los reyes británicos excepto María II de Inglaterra. Hay leyendas sin embargo que afirman que Eduardo I no logró llevarse la auténtica piedra, ya que los monjes de la Abadía de Scone la ocultaron y entregaron al rey inglés una copia o falsificación.

En 1328, durante las conversaciones de paz entre los reinos de Escocia e Inglaterra, parece ser que el rey Eduardo III de Inglaterra se comprometió a devolver la piedra a Escocia. Sin embargo, dicha condición no formó parte del definitivo Tratado de Northampton, por lo que la piedra se conservó en la Abadía de Westminster sin interrupción durante más de seis siglos. Con la unificación de las coronas de Escocia e Inglaterra bajo la dinastía de los Estuardo, los reyes de Escocia volvieron a ser coronados sobre la Piedra del Destino, aunque sin que ésta se desplazase de su ubicación en ningún momento.

Durante el siglo XX la Piedra del Destino realizó dos viajes muy distintos a Escocia: uno temporal y otro oficial y definitivo en 1996.


Fuentes:
* http://www.nuestromar.org/noticias/categorias/26-09-15/piedra-scone
* http://www.esascosas.com/piedra-de-scone


4 de abril de 2018

Pelusio, la batalla que ganaron los gatos

En el siglo VI antes de Cristo los persas vivieron una vertiginosa expansión después de que Ciro el Grande unificara Persia y Media hacia el año 550 a.C. Estos pueblos, de etnia irania, llevaban en la zona desde principios del primer milenio antes de Cristo, permaneciendo en un discreto segundo plano hasta el gobierno de Ciro. Tras obtener Persia y Media, los reyes persas se fijaron dos nuevos objetivos: el milenario Egipto y la cultivada Grecia.

Cambises sucedió a su padre, Ciro el Grande, hacia el 530 a.C. Lo primero que hizo fue ponerse manos a la obra para llevar a cabo la colosal tarea que le habían encomendado: conservar y agrandar el imperio más grande del mundo conocido. Mientras tanto, Egipto estaba de capa caída. Tras dos milenios de existencia, en los que tuvieron buenas y malas épocas, Egipto se había desplomado, perdiendo gran parte de su capacidad económica y militar.

Cinco años después de que Cambises accediera al trono, Psammético III se convirtió en el faraón de Egipto. El rey persa conocía la debilidad egipcia y que la alianza del país del Nilo con los mercenarios griegos era muy débil, por lo que si se ganaba a estos los egipcios quedaban aislados, por lo que decidió no esperar más para atacarles. La noticia de la expedición persa no pilló a Egipto desprevenido ya que desde la campaña expansiva sin precedentes de Ciro se esperaba un ataque de los persas.

La primera mala noticia para Psammético llegó pronto: los griegos le habían abandonado. Incluso el tirano de Chipre había decidido apoyar a Persia.

El objetivo del ataque persa era la estratégica ciudad de Pelusio, situada en al nordeste del Delta del Nilo vigilando la entrada de Egipto desde el desierto de Sinaí. Pese al abandono de los griegos, el faraón logró reunir un pequeño ejército para enfrentarse a los persas, pero la victoria era casi imposible.

A Cambises, que conocía perfectamente las costumbres, los dioses y la cultura de los egipcios, se le ocurrió una idea genial. Sabía que para los egipcios los gatos eran sagrados, como reencarnación de la diosa Bastet, así que mandó pintar en los escudos una imagen de Bastet. De esta forma consiguió que los soldados egipcios, temerosos de profanar la imagen de su diosa, luchasen desmoralizados. Según el historiador griego Ctesias, murieron en la batalla cincuenta mil egipcios.

Los supervivientes corrieron a esconderse a la cercana fortaleza de Pelusio. Cambises no quería enfrentarse a un largo y penoso asedio, máxime cuando tenía que conquistar un país árido y hostil. Tenía que vencer a los atrincherados y debía hacerlo cuanto antes. El rey persa dio una nueva muestra de su genialidad y ordenó a sus hombres que capturaran cuantos gatos fueran posibles. Posteriormente empezó a lanzarlos contra el interior de la fortaleza.

Cundió el pánico entre los egipcios, temerosos de herir a uno de aquellos animales sagrados. Los arqueros no se atrevían a disparar a sus enemigos. El impacto moral fue brutal, por lo que los egipcios se rindieron y la fortaleza cayó en las manos de Cambises. El monarca persa supo aprovechar el respeto y veneración existente en el antiguo Egipto hacia estos animales.


Psammético fue capturado pero en un principio le fue perdonada la vida. Cambises se autoproclamó faraón, tomó los títulos tradicionales de la realeza egipcia y tomó todo el país, proyectando incluso descender e invadir el país de los nubios. Psammético comenzó a tramar una revuelta para recuperar su corona pero fue descubierto y ejecutado por los persas. Cambises murió tres años más tarde pero se desconoce si se suicidó debido al éxito de una revuelta en Persia que había alzado al trono a un mago llamado Gaumata o si se debió a un accidente. Cambises fue sucedido por otro gran rey: Darío, el monarca que fue derrotado por los griegos en Maratón.


Fuentes:
* https://bellumartis.blogspot.com.es/2015/03/batalla-de-pelusium-525ac.html
* https://eltemplodelahistoria.wordpress.com/2015/09/29/la-batalla-que-fue-ganada-por-gatos


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