12 de octubre de 2017

Una columna de fuego (Ken Follett)

En el año 1558, los conflictos religiosos que sacuden Kingsbridge se han convertido en un obstáculo insuperable para el amor entre Ned Willard y Margery Fitzgerald. Cuando Isabel I llega al trono, toda Europa se vuelve en contra de Inglaterra y la joven monarca decide crear el primer servicio secreto, cuya misión es advertirla de posibles intrigas e invasiones.

A lo largo de medio siglo turbulento, Ned luchará por conseguir a Margery mientras lidera este reducido y entregado grupo de valerosos agentes secretos, que se convertirán en el fundamento del poder de la reina... y en materia de un cautivador thriller histórico de espionaje.

2 de octubre de 2017

Los cocodrilos en el Antiguo Egipto

Dentro de la poblada fauna del Nilo, el cocodrilo ha sido siempre una de las presencias más características e inquietantes. Con hasta seis metros de longitud, su poderosa mandíbula y su escudo de escamas, representaba una amenaza constante y angustiosa para los antiguos egipcios, acostumbrados a navegar y pescar en frágiles barcas de papiro. No es extraño, por ello, que este temible animal ocupara un lugar destacado en la cultura faraónica.

Para los habitantes del valle del Nilo, el cocodrilo era sinónimo de peligro. Algunos signos de la escritura jeroglífica muestran al saurio con uno o varios cuchillos clavados en su cuerpo. Además, algunos términos se escribían con una partícula en forma de cocodrilo para expresar conceptos ligados a la "agresividad" y la "voracidad".

El sigiloso reptil representaba una amenaza para todos los que se aproximaran a la orilla del Nilo, empezando por los otros animales. Así, en un papiro del Imperio Nuevo se registran algunos conjuros necesarios para proteger a los caballos que atravesaban el río. En cuanto a los humanos, el peligro de los cocodrilos se convirtió en un tópico literario. En la Sátira de los oficios, por ejemplo, se explica el riesgo que corre el lavandero que lava en la orilla del Nilo teniendo a los cocodrilos como vecinos, o el pescador que faena en el río mezclado con ellos y al que el miedo impide conseguir una pesca copiosa. En el Diálogo del desesperado con su ba, el protagonista declara: "Mira, mi nombre es detestado, más que sentarse en un banco de arena lleno de cocodrilos". En el Papiro Westcar, un cocodrilo fantástico interviene en una historia de celos y venganza. En el cuento, el sacerdote Ubaoner descubre que su mujer le es infiel y al conocer la cita programada por los amantes crea un cocodrilo de cera que, mediante la magia, cobra vida y atrapa al amante de su esposa, llevándolo al fondo del río. Tras varias peripecias, el animal se come al infeliz, mientras que la adúltera muere quemada.

Dios Sobek, con cabeza de cocodrilo

En un cuento del Imperio Nuevo llamado El príncipe predestinado, las diosas del destino vaticinan al rey que su hijo, que acaba de nacer, morirá a causa de un cocodrilo, un perro o una serpiente. El rey juzga entonces necesario esconder al niño en una casa en el desierto; el cocodrilo lo descubre, aunque parece que no lo mata (el final de la historia se ha perdido). Otra narración del mismo periodo relata el enfrentamiento entre dos hermanos, Inpu y Bata, a causa de las mentiras maquinadas por la mujer del primero en venganza por haberse sentido rechazada por su cuñado; la lucha se detiene al intervenir una divinidad que interpone entre ambos un lago lleno de cocodrilos que ninguno se atreve a cruzar.

Pero el cocodrilo no era sólo una fiera terrorífica. También suscitó especial reverencia, lo que hizo que diversas divinidades tomaran su forma. Así, el dios halcón Horus se transformó en cocodrilo para sacar de las profundidades del río a su padre Osiris, asesinado por su malvado hermano Set. También se le identificó con el dios solar Re en el momento de su resurrección surgiendo del Nun, las aguas primordiales.

En todo caso, el dios-cocodrilo por excelencia era Sobek, cuyo nombre significa justamente "el cocodrilo". Representado primero con la forma de este animal, con el tiempo Sobek se representó con cuerpo humano y cabeza de cocodrilo. En el Imperio Medio Sobek se solarizó, y bajo la dinastía XIII fue adoptado como patrón de la realeza. Sobek era un dios de la fertilidad, la vegetación y la potencia creadora. Fue señor de las aguas y los humedales, pero a la vez era un dios protector, pues los egipcios observaron que era un feroz defensor de sus huevos y sus crías, a las que protegía una vez nacidas introduciéndolas en sus fauces.

En la iconografía egipcia había numerosos híbridos de cocodrilo y otros animales. Una forma acuática de Horus tenía cuerpo de cocodrilo y cabeza de halcón. La benéfica diosa Tueris, una divinidad del hogar, protectora de las mujeres durante el embarazo, el parto y el nacimiento, tenía cabeza de hipopótamo, patas de león, pechos humanos y cola de cocodrilo, mientras que Ammit, monstruo encargado de devorar las almas de los difuntos que no superasen el juicio de Osiris, era mitad león, mitad hipopótamo y tenía cabeza de cocodrilo.


Fuente:
* Elisa Castel, egiptóloga. Historia National Geographic núm. 161, pág. 26-27


28 de septiembre de 2017

La Semana Trágica de Barcelona (1909)

En 1909 España estaba regida por una monarquía parlamentaria bajo el reinado de Alfonso XIII, y regulada por la Constitución de 1876. El parlamento era elegido por sufragio universal desde 1885, pero bajo esta apariencia democrática se escondía un sistema oligárquico controlado por dos partidos, el liberal y el conservador, que llevaban casi 30 años turnándose en el poder. Se utilizaba un sistema de elecciones amañadas por los diversos caciques locales. A partir de la crisis internacional de 1898 que dio lugar a la pérdida de las colonias, surgió un movimiento intelectual conocido como regeneracionismo, cuyo máximo exponente fue el político Joaquín Costa. Este movimiento trató de reformar el corrupto sistema electoral. Pero las medidas regeneracionistas no atacaron la raíz del problema, que no era otra que el sistema estaba montado de forma que la oligarquía formada por la alta burguesía, la aristocracia, el ejército y la Iglesia se mantuviera en el poder haciendo oídos sordos a la voluntad del pueblo.

Ciudadanos levantando una barricada

La decadencia del régimen se produjo principalmente por tres factores. En primer lugar la falta de líderes carismáticos al frente de los dos partidos que se turnaban en el poder. Antonio Maura (conservador) y José Canalejas (liberal) no estaban a la altura. En segundo lugar, la pretensión de Alfonso XIII de influir en las decisiones políticas, lo que originó graves crisis. Y en tercer lugar, la promulgación de la Ley de Jurisdicciones, que dictaba el sometimiento a la justicia militar de los implicados en delitos contra la patria, lo que produjo una intromisión militar en la vida política y civil.

En este contexto tuvo lugar el grave conflicto colonial en Marruecos, donde tribus rifeñas atacaron en Melilla las obras del ferrocarril. La resistencia rifeña y la derrota del Barranco del Lobo en el monte Gurugú, obligó al envío de reservistas a la zona.

Cabe destacar que en aquella época, el que era rico y podía pagar 6.000 reales se libraba de la llamada a filas. El que no disponía de ese dinero (el sueldo de un obrero no pasaba de los 10 reales al día) estaba obligado a abandonar familia y trabajo para incorporarse al ejército, quedando la familia en la miseria.

Los reservistas que el Gobierno decidió enviar a Marruecos eran mayoritariamente de Cataluña. Los primeros embarcaron en el puerto de Barcelona en naves propiedad del marqués de Comillas, y algunas damas de la aristocracia les regalaban escapularios y detentes, que eran piezas de ropa con la imagen de Jesucristo y la inscripción "detente, bala", para que los soldados se los pusieran en el pecho y librarse así de las balas enemigas.

Embarque de reservistas en el puerto de Barcelona

En este escenario fue convocada una huelga general el lunes 26 de julio, para protestar contra la política del Gobierno en Marruecos. La huelga se inició de madrugada y se fue extendiendo desde la periferia de la ciudad hacia las fábricas del centro. Junto con la huelga se convocaron manifestaciones que degeneraron en una revuelta popular de carácter antimilitarista y anticlerical, llegando a quemarse algunos conventos y parroquias. En muchos casos se dejó marchar a las comunidades religiosas antes de prender fuego a los edificios. El Gobierno entonces decretó el "estado de guerra" y reforzó a la policía con la Guardia Civil.

La revolución finalizó el sábado 31 de julio, dejando un balance de 87 muertos y 81 edificios asaltados. Terminada la revuelta, la represión por parte del Gobierno fue importante: hubo más de 2.000 personas detenidas, se clausuraron más de 130 centros y entidades considerados subversivos, entre los que había escuelas laicas y sedes republicanas, y 1.725 personas fueron procesadas en tribunales militares.

Se dictaron 59 cadenas perpetuas y 17 condenas a muerte, 12 de las cuales se conmutaron por cadena perpetua. Finalmente hubo 5 ejecuciones: Josep Miquel Baró, líder de la revuelta en Sant Andreu; Antoni Malet Pujol, acusado de quemar objetos de una iglesia; Eugeni del Hoyo, guarda de seguridad que disparó contra el ejército; Ramon Clemente García, un carbonero con deficiencia mental que bailó con el cadáver de una monja, y Francesc Ferrer i Guàrdia, que a pesar de quedar claro y comprobado que no tuvo ningún tipo de participación, fue condenado.

Flores para el carbonero discapacitado que fue condenado a muerte y ejecutado

La Semana Trágica se llevó por delante al presidente Maura, que tuvo que dimitir. A partir de entonces se estableció un estado de crisis permanente en los partidos de turno. El cinismo político posterior a la revuelta, facilitó la entrada en 1923 del dictador Miguel Primo de Rivera.


Fuentes:
* http://semanatragicadebarcelona.blogspot.com.es
* http://lameva.barcelona.cat/barcelonablog/es/insolito/la-semana-tragica-de-1909
* http://www.laalcazaba.org/la-semana-tragica-de-barcelona
* http://iris.cnice.mec.es/kairos/ensenanzas/bachillerato/espana/alfonsoXIII_02_01.html

Fotos: Archivo Fotográfico de Barcelona


24 de septiembre de 2017

El esclavo que veía a Dios

Nat Turner
El esclavismo en los estados sureños de Estados Unidos se ha visto generalmente como un régimen brutal e inhumano, pero a la vez aparentemente estable donde los amos de las plantaciones lo tenían todo controlado. En realidad, los esclavos negros nunca se resignaron totalmente a su suerte y llevaron a cabo toda clase de actos de resistencia, incluso violenta. Antes de la guerra de Secesión (1861-1865) se produjeron varios intentos de rebelión esclava, como los de Gabriel Prosser en 1800 y Denmark Vesey en 1822. Pero sin duda la mayor revuelta esclava fue la que se produjo en 1831 en el condado de Southampton, en Virginia, liderada por un esclavo de 31 años llamado Nathaniel Nat Turner.

Sobre este episodio existe una fuente de gran valor: un panfleto de 24 páginas en el que el abogado Thomas R. Gray recogió las confesiones de Nat Turner antes de que fuera juzgado y ejecutado por su alzamiento. Gray no era un testimonio imparcial, como se ve en su presentación: "Mientras en apariencia se respiraba un aire de calma y paz en aquella sociedad, un funesto fanático [Nat Turner] revolvía en las profundidades oscuras de su mente atroces y sanguinarios planes para asesinar indiscriminadamente a los blancos". Sin embargo, una declaración final certificaba que el reo reconocía la veracidad de lo expuesto.

"Confesiones" de Nat Turner.
Thomas R. Gray
Nat Turner nació en la plantación de Benjamin Turner, en el condado de Southampton (Virginia), el 2 de octubre de 1800. Su madre, Nancy, una esclava llegada de África que inculcó a su hijo las ansias de libertad desde la infancia, estuvo a punto de matar a su vástago después del parto para evitarle una triste vida de siervo. De su boca oyó Nat por primera vez lo que se esperaba de él: ser un profeta. Esta creencia empezó a forjarse a los "tres o cuatro años", cuando Nat comenzó a relatar sucesos del pasado; "Dios me había enseñado cosas que habían ocurrido antes de mi nacimiento", declararía.

Turner aprendió a leer y a escribir con facilidad. Para asombro de su familia, un día cogió un libro que le mostraron para que dejara de llorar y empezó a deletrear los nombres de los objetos que aparecían entre sus páginas. El gusto por la lectura y los fuertes sentimientos religiosos que demostró desde temprana edad le llevaron a convertirse en predicador en la plantación. Obsesivo lector de la Biblia y practicante de ayunos para fortalecer el espíritu, a los 21 años Turner empezó a tener visiones y a pensar que Dios se dirigía a él con signos y voces, como hizo con los profetas de la Biblia, anunciándole su próxima emancipación.

En su corta vida, Nat Turner tuvo varios amos. A la muerte de Benjamin Turner en 1809 pasó a manos de su hijo, Samuel. Al morir éste en 1822, se convirtió en propiedad de su viuda, Elizabeth, y un año después, del nuevo esposo de ésta, Thomas Moore. En el momento de la rebelión, Nat era esclavo de Joseph Travis, con quien se había casado la segunda esposa de Moore después de enviudar. Sobre las relaciones que mantuvo con sus amos tenemos tan sólo un testimonio, según el cual en una ocasión Nat recibió una paliza "por decir que los negros debían ser libres y que lo serían un día u otro".

El carácter iluminado de Turner no dejó de acentuarse y, sintiéndose acompañado por el Espíritu Santo, fue testigo de diversos milagros que se materializaron en brillantes luces en el firmamento. Tras fervientes rezos, "mientras trabajaba en el campo", descubrió "gotas de sangre sobre el maíz como si fuera escarcha caída del cielo", y vio en "las hojas de los árboles del bosque unos caracteres jeroglíficos y números en forma de hombres en actitudes diferentes, retratados en sangre". Estos últimos representaban a los espíritus negros y blancos que había visto luchando en una visión anterior. La revelación definitiva la tuvo tras el eclipse de sol del 11 de febrero de 1831, que interpretó como la señal de Dios, que no podía ser desoída, para la rebelión.

En la medianoche del 22 de agosto, Turner y su grupo iniciaron la que sería la revuelta más cruenta que conocería el Sur esclavista, aunque, por la falta de disciplina y medios, estaba irremediablemente condenada al fracaso. Él y sus cuatro seguidores empezaron matando a hachazos a los miembros de la familia Travis mientras dormían. A continuación, emprendieron una correría por el condado de Southampton que los llevó a saquear 16 casas más y a matar a todos los blancos que encontraban. Al mismo tiempo fueron liberando a esclavos que se unieron a la revuelta. Cuando la milicia puso fin al alzamiento, los insurrectos llegaban casi al medio centenar y habían acabado con la vida de unos sesenta blancos, entre hombres, mujeres y niños.

Viñeta de la época en referencia a la masacre perpetrada por Nat Turner

Tras dos días de pánico, las represalias por parte de la población blanca no se hicieron esperar. Casi doscientos negros fueron asesinados como venganza. Turner, que había huido a los bosques, fue capturado nueve semanas después, el 30 de octubre, por el granjero Benjamin Phipps, que lo descubrió escondido en una zanja. El prófugo fue acusado de incitación a la rebeldía y participación en la insurrección, y, tras ser juzgado, el 5 de noviembre fue sentenciado a la horca. Antes de ser ejecutado, se le preguntó si no se arrepentía de las atrocidades que había cometido. Por última vez en su vida, Turner volvió a hacer gala de su convencimiento de ser un enviado de Dios, y respondió: "¿Acaso no fue Nuestro Señor crucificado?".

El 11 de noviembre, el líder rebelde fue ahorcado junto a otros 16 esclavos. A su cadáver, sin embargo, se le deparó un destino diferente del dispensado a sus correligionarios. Su cabeza cortada se exhibió como una curiosidad y su cuerpo fue desollado con el fin de utilizar la piel para fabricar bolsas y monederos. Las partes del tronco y extremidades que no se reservaron para extraer la grasa se trocearon y conservaron como recuerdos macabros. Lo poco que quedó fue enterrado con la misma solemnidad que los restos de un animal dañino. Con este trato, el Sur dejaba constancia del castigo ejemplar que merecía el negro rebelde.

La verdad sobre quién fue Turner y cuáles fueron sus verdaderos motivos para rebelarse contra el régimen esclavista aparece troceada desde el primer momento, como su cuerpo. El relato de Gray en Las confesiones de Nat Turner tiene una profunda carga ideológica. Al convertir a Turner en "el Gran Bandido", el líder de una "feroz banda" que suplica por su vida al ser apresado sin oponer resistencia, el autor niega la existencia de una relación entre la revuelta y otros movimientos y personajes contemporáneos comprometidos con la resistencia antiesclavista.

De igual manera, la historiografía oficial norteamericana presentó la rebelión como el acto aislado y excepcional de un demente, una lucha melodramática en la que la actuación del villano quedaba privada de cualquier significado político.

Los afroamericanos, en cambio, conservaron un recuerdo positivo de Nat Turner, al que llamaron Ol' Prophet Nat, Viejo Profeta Nat. Historiadores afroamericanos rehicieron la dignidad de Turner y los demás insurrectos.


Fuentes:
* Carme Manuel, Universidad de Valencia. Historia National Geographic núm. 161, pág. 22-25
* https://www.theatlantic.com/national/archive/2013/08/on-this-day-in-1831-a-bloody-uprising-in-the-virginia-countryside/278905
* http://www.history.com/topics/black-history/nat-turner


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